“Ni el ojo puede decir a la mano: no te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: no tengo necesidad de ustedes” 1 Corintios 12:21
El mejor equipo
Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y, además, se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto. En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.
Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: "Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos". La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
Que es lo que limita a l ser humano para no lograr su éxito en la vida? Quizas el pensar que no necesitamos de otros para lograrlo. Quizás el pensar que mi éxito es mio, es para mi, yo lo logro, con mis propias fuerzas. He estado leyendo acerca de las actitudes que restan valor al ser humano. Cuando en la vida te comparas con los logros de otros o intentas copiar la vida de otros llega el sentimiento de inferioridad o el sentimiento de superioridad. Cuando me comparo con otros o intento copiar a otros, estoy restando valor a mi persona. Yo soy valioso por quien soy y tengo mucho que aportar a la sociedad, pero también los demás. La realidad es que necesitamos de los talentos de las personas que nos rodean para lograr nuestros éxitos. No siendo dependientes, no siendo independientes sino interdependientes.
Dios te guarde
Daniel Jimenez
Pastor Asociado/Associate Pastor
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